La Orilla | Inanna, el Árbol Huluppu y la Arquitectura del Templo Creativo
Ni en el mar, ni en la tierra.
Hay momentos en la vida de una mujer en los que no está ni en el mar ni en la tierra.
Está en la orilla.
No se ha ahogado.
No ha construido todavía.
Está entre lo que fue y lo que empieza a tomar forma.
La orilla no es cómoda.
Pero es fértil.
En los mitos antiguos sumerios se cuenta que Inanna encontró un árbol flotando en el río…
En aquel tiempo, un árbol, un solo árbol, un árbol huluppu fue plantado a las orillas del Éufrates.
El árbol fue nutrido por las aguas del Éufrates.
En torbellino se alzó el Viento del Sur, jalando sus raíces y destruyendo sus ramas,
hasta que las aguas del Éufrates se lo llevaron.Una mujer que caminaba …
…sacó al árbol del río y habló:
“Voy a llevar este árbol a Uruk.
Voy a plantar este árbol en mi jardín sagrado.”Fragmento adaptado de Inanna. Reina del Cielo y de la Tierra, de Diane Wolkstein y Samuel Noah Kramer, traducción de Elsa Cross (Colección “Cien del Mundo”, Conaculta). Edición original: Harper & Row, New York, 1983.
No lo buscaba.
No lo estaba planificando.
Simplemente apareció.
Un árbol arrancado de su origen, viajando a la deriva.
Ella no lo dejó ir.
Lo recogió.
Lo llevó a su jardín.
Lo plantó.
Lo cuidó durante años.
No sabía exactamente en qué se convertiría.
Solo sabía que ese árbol era importante.
Que merecía raíz.
Que merecía tiempo.
Que merecía sostén.
La mayoría de mujeres creadoras viven enamoradas del mar.
De la expansión.
De la inspiración.
Del impulso.
Del momento exacto en el que algo arde y quiere nacer.
Pero pocas hablan de lo que sucede después.
¿Qué haces con lo que has creado?
¿Lo dejas flotar?
¿Lo vuelves a lanzar al río cada vez que cambia la marea?
¿O lo plantas?
He vivido muchos inframundos. Como tú.
Muchos descensos.
Muchas disoluciones.
Y cada vez que emergí, algo quería nacer.
Un proyecto.
Una identidad.
Una forma nueva de nombrarme.
Pero no siempre supe plantar.
No siempre supe sostener.
No siempre supe que la creatividad, por muy salvaje que sea, necesita un territorio si desea permanecer.
La orilla no es el final del mar.
Es el lugar donde decides si lo que has vivido se convierte en raíz, en Templo creativo.
Inanna no convirtió el árbol en trono inmediatamente.
No lo explotó.
No lo aceleró.
Lo dejó crecer.
Lo observó.
Lo cuidó.
La arquitectura del Templo creativo no es una estructura rígida.
Es el acto consciente de decir: esto que ha nacido en mí merece quedarse.
La creatividad es libre.
Pero el legado es decisión.
Si deseas que tu obra no dependa de tu estado emocional del día,
si deseas que tu visión no se disuelva cada vez que el viento cambia,
si deseas que tu identidad profesional tenga raíz y no solo brillo,
entonces necesitas plantar tu árbol.
Plantarlo significa decidir dónde vive tu obra, cómo se sostiene y qué forma toma en el mundo.
Tu Templo creativo.
No para domesticarlo.
Sino para permitir que crezca.
La orilla no es pausa.
Es transición consciente.
Es el momento en el que una mujer deja de crear solo por impulso
y empieza a construir porque ha entendido el valor de lo que ha parido.
Estoy en la orilla.
No como quien espera.
Sino como quien elige plantar.
Y si estás leyendo esto, quizá tú también sientes que algo que antes flotaba ahora quiere raíz.
Desea Templo creativo.
No necesitas más inspiración,
necesitas plantar tu árbol,
Pau
Autora: Paula Eugènia — fotógrafa y fundadora de El Ojo de Venus
—
Si este texto ha resonado contigo, Pulso es el lugar donde seguimos leyendo el campo juntas.
No envío información.
Envío dirección.