La Colina

Sube.

Hay lugares donde una mujer se sienta a escuchar su Obra.

Si al marcharte quieres dejar una flor para la siguiente, aquí será bienvenida.

Lo que ha florecido estos días.

Hoy he caminado por el Templo, he escuchado un par de transmisiones mías y me he sentido muy orgullosa, me he felicitado profundamente. He recordado que… hace unos años no lo hubiera hecho ni loca. El trabajo que he hecho con la voz ha sido inmenso.

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Carta desde la Colina

El sabor de estar viva.

Esta tarde el viento ha desordenado mi pelo antes de que pudiera ordenar mis pensamientos.

He sonreído a la Vida.

Hay días en los que la vida misma parece saber exactamente cómo encontrarnos. No llega con respuestas. Llega con un olor a tierra caliente, con un pájaro que insiste en cantar cuando todo parece en pausa, con esa sensación antigua de que el mundo todavía está vivo... y nos está esperando.

Mientras subía he pensado en mi Obra.

No en lo que falta, o en lo que aún no he conseguido., ni siquiera en el horizonte que todavía no alcanzo a tocar.… He pensado en ella como se piensa en un animal libre al que amas profundamente. No se posee, ni se empuja o domestica. Se aprende su respiración, su ritmo... Un día, casi sin darte cuenta, reconoces el brillo de sus ojos. Hay días en que corre delante de mí y apenas logro seguirle el paso, o la veo a lo lejos. Otros se tumba a mi lado, apoya el hocico sobre mis piernas y basta con permanecer juntas, sin hacer nada.

Crear también puede ser una forma de descanso.

También puede ser una forma de enamorarse del mundo una y otra vez.

Nos hablaron del sacrificio, de la disciplina, o del mérito. Y todo eso tiene su lugar. Pero nadie, nadie, nadie, me habló del placer inmenso de encontrar una frase o palabra que llevaba meses buscándome. De la alegría casi infantil de abrir un cuaderno y sentir que las palabras llegan descalzas. Del estremecimiento de reconocer una idea antes incluso de comprenderla. Hay días en los que mi Obra me mira... y juro que siento cómo sonríe. Y, de algún modo, siento que asiente. Como si me dijera: sí, sigue.

Quizá por eso vuelvo siempre.

No porque tenga obligaciones con ella, sino porque me gusta quién soy cuando caminamos juntas. Hay una versión de mí que sólo aparece cuando escribo, cuando fotografío, cuando imagino estructuras, cuando converso con aquello que todavía no existe. Sobretodo con aquello que aún no existe aquí, en la Tierra. Esa mujer tiene la piel más despierta. Respira distinto. Ama distinto. Mira el mundo como si todo escondiera un secreto a punto de revelarse. Y eso me flipa.

Cuando llegues hasta esta Colina, no vengas buscando una respuesta.

Permítete venir solamente a recordar el sabor de estar viva.

Tocar tu piel con la yema de los dedos…

Siéntate sobre la tierra. Huélela.

Deja que el sol te encuentre antes que las ideas.

Escucha el susurro de tu Obra como quien escucha el mar desde muuuy lejos.

Y, cuando vuelvas a levantarte, ojalá sientas lo mismo que siento yo ahora:

que no hay lugar donde prefiera estar que dentro de esta conversación interminable entre mi vida... y aquello que he venido a crear.

Con amor,

Pau

Los Ecos de la Colina

"He dejado de correr delante de mi propia Obra."

— Elena

"Pensaba que tenía que encontrar mi voz. Hoy sólo intento escucharla."

— Anónima

"La vida no me estaba apartando del camino. Estaba enseñándome a caminar despacio."

— C.

¿Qué flor quieres dejar hoy en la Colina?

o

¿Qué has recordado aquí?

o

¿Qué susurrarías a la próxima mujer que suba?

Si todavía deseas caminar un poco más...

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