Imagen de El Ojo de Venus
Un ensayo sobre el nacimiento de un nuevo pétalo de Venus, en Escorpio, los misterios de Inanna y el amor que desea continuar encarnándose en nuestras Obras Vivas.
Hay algo que me fascina profundamente de las relaciones que cultivamos durante años: siempre podemos continuar descubriendo nuevas dimensiones de aquello que amamos. Pienso en las mujeres que llevamos buena parte de nuestra vida creando, estudiando, investigando, acompañando a otras personas y dando forma a algo que sentimos profundamente nuestro. Mujeres que hemos dedicado incontables horas a desarrollar una mirada, una manera de trabajar, unos conocimientos y unas creaciones que hoy forman parte de nuestra historia. Y me conmueve pensar que, después de todo lo vivido, todavía existe tanto por conocer, por amar y por crear.
Porque una Obra Viva no es solamente aquello que hemos conseguido materializar. Es también la relación que cultivamos con ella mientras nuestra vida continúa sucediendo. Una relación que puede adquirir nuevas profundidades, despertar deseos que desconocíamos y llevarnos a desarrollar capacidades que nunca habíamos imaginado necesitar. Hay momentos en que nuestra Obra nos invita a crear algo nuevo, otros en que nos pide aprender a cuidar aquello que ya existe y otros en que comenzamos a reconocer que lo que verdaderamente deseamos es poder ofrecerle una dimensión mucho mayor.
Y quizá, cuando llevamos años creando desde nuestra sensibilidad, nuestra espiritualidad y nuestro amor por aquello que hacemos, empezamos a descubrir algo extraordinario: que todavía existen dimensiones de nosotras mismas con las que apenas hemos comenzado a relacionarnos.
Podemos amar profundamente a nuestra Creadora. Conocer su lenguaje, sus tiempos, sus deseos y esa capacidad maravillosa de imaginar y dar vida a nuevas posibilidades. Podemos haber aprendido a escuchar nuestra intuición, a confiar en nuestros dones y a experimentar el placer de crear. Pero quizá todavía no hemos dedicado la misma curiosidad a conocer a nuestra Empresaria. A descubrir qué relación deseamos construir con el dinero, con la dirección de nuestra empresa, con la comercialización de nuestro trabajo, con los recursos que necesitamos y con las decisiones que permiten que nuestra Obra prospere.
Y quizá tampoco hemos reconocido plenamente a nuestra Autora. Esa dimensión de nosotras que, después de años cultivando conocimientos, experiencias, pensamiento y una mirada propia, comienza a comprender que aquello que ha venido creando constituye un patrimonio singular. Que su Obra puede contener mucho más que servicios, productos o experiencias hermosas. Que existe una sabiduría que merece ser reconocida, desarrollada, custodiada y transmitida. Una contribución que lleva nuestra firma y puede continuar dando frutos a lo largo de nuestra vida.
Me fascina pensar en lo que puede suceder cuando comenzamos a sentir por nuestra Empresaria y nuestra Autora el mismo deseo de conocimiento que hemos cultivado durante años hacia nuestra Creadora.
Cuando la economía deja de parecernos un territorio ajeno a nuestra espiritualidad y comenzamos a descubrir el placer de comprenderla. Cuando aprender a vender, establecer nuestros precios, construir una estructura o tomar una decisión empresarial deja de significar que debamos alejarnos de nuestra esencia. Cuando comenzamos a reconocer cuánto conocimiento hemos adquirido y sentimos el deseo de darle una forma propia, de ponerlo en circulación y permitir que otras personas puedan recibirlo.
Porque el Eros también puede participar de nuestra relación con la empresa. Podemos enamorarnos de la libertad que aparece cuando desarrollamos nuevas capacidades, del placer de dar estructura a una visión, de la belleza de una economía que nos permite vivir y seguir creando. Podemos disfrutar de construir aquello que antes solamente sabíamos imaginar y de reconocer que nuestra Autoría tiene un lugar propio en el mundo.
Y quizá ésta sea una de las relaciones más fecundas que todavía nos esperan: el encuentro amoroso entre la Creadora, la Empresaria y la Autora que habitan en nosotras, y el Espíritu de la Obra Viva que hemos venido a entregar a la Tierra.
El nacimiento de un nuevo pétalo de Venus
Hay algo de esa fecundidad que encuentro profundamente hermoso cuando observo el cielo.
El pasado 24 de octubre de 2026, Venus alcanzó su conjunción inferior con el Sol. Desde nuestra perspectiva terrestre, el planeta se situó entre la Tierra y nuestra estrella, oculto en el resplandor solar. Este encuentro marca el comienzo de un nuevo ciclo sinódico de Venus, un recorrido de aproximadamente 584 días durante el cual podremos contemplar sus distintas fases, sus apariciones como Estrella de la Mañana y de la Tarde y los movimientos que conforman su danza celeste.
En la tradición venusina que me fue transmitida aprendí a contemplar estos ciclos como los pétalos de una gran Rosa. Cinco vueltas de Venus alrededor de su ciclo sinódico equivalen aproximadamente a ocho años terrestres, dibujando una estrella de cinco puntas cuando representamos sus encuentros con el Sol desde nuestra perspectiva en la Tierra. Una geometría extraordinaria que ha despertado la fascinación de diferentes culturas, astrónomos, astrólogas y estudiosas de los misterios venusinos.
Cada nuevo pétalo nos encuentra en otro momento de nuestra vida. El anterior nació en marzo de 2025, bajo la semilla simbólica de Aries. El nuevo comenzó el 24 de octubre de 2026, en los primeros grados de Escorpio según el zodiaco tropical, y nos acompañará hasta el siguiente encuentro solar, previsto para el 1 de junio de 2028.
A este encuentro se le llama de muchas maneras. Uno de los nombres que me fueron transmitidos, y con el que más profundamente resueno, es El Crisol Solar.
En las enseñanzas venusinas que he recibido, los días que rodean este encuentro también se relacionan con el cortejo de Inanna y Dumuzi, el amor, la unión y la fecundidad de una nueva semilla. No estamos todavía atravesando las siete puertas del Descenso de Inanna. Ese misterio pertenece a otro momento del ciclo, cuando Venus haya recuperado su presencia luminosa en el cielo matutino y comience la travesía de sus encuentros con la Luna menguante.
Ahora nos encontramos en el tiempo del Crisol.
Y me fascina pensar que, mientras Venus comienza una nueva vuelta de su danza, nosotras también continuamos habitando nuestras propias historias. Que no necesitamos llegar vacías a ningún comienzo. Llegamos con nuestros conocimientos, nuestras facultades, nuestra experiencia y las creaciones que hemos ido entregando al mundo. Con todo aquello que conocemos y con los misterios que todavía no hemos tenido oportunidad de explorar.
Porque una nueva vuelta no exige que abandonemos nuestra historia. Puede ofrecernos otro tiempo para seguir desarrollando aquello que amamos.
Tu lugar en la Rosa de Venus
Todas nacimos en algún momento de esta danza.
Algunas bajo Venus como Estrella de la Mañana, conocida también como Fósforo; otras bajo su expresión vespertina, Héspero. Cada una llegó a la Tierra mientras Venus ocupaba una posición concreta respecto al Sol, dentro de un movimiento mucho más amplio que continúa desarrollándose durante toda nuestra existencia.
Hace años que me fascina investigar esos encuentros, sus ritmos y las diferentes maneras en que podemos relacionarnos con ellos. Porque, además del signo astrológico en el que se encontraba Venus al nacer, podemos descubrir en qué fase de su ciclo sinódico se encontraba, cuál fue la conjunción Sol–Venus anterior a nuestro nacimiento y qué lugar ocupa ese encuentro dentro de la Rosa de ocho años.
Si sientes curiosidad, quizá te guste explorar si tu Venus natal era Estrella de la Mañana o de la Tarde, descubrir tu Punto Estrella de Venus o contemplar tu lugar dentro de la Rosa de Venus.
Son herramientas que permiten acercarnos a los movimientos astronómicos y conocer algunas de las interpretaciones astrológicas que se han desarrollado alrededor de ellos. No necesitamos tomarlas como definiciones de quiénes somos ni como instrucciones sobre la vida que debemos vivir. Podemos acercarnos con curiosidad, estudiar, contrastar y descubrir qué preguntas despiertan en nosotras sobre el amor, el deseo, la belleza, nuestros valores y las relaciones que cultivamos.
Porque el cielo nos ofrece un calendario. Pero es nuestra propia Vida la que nos revela la dirección.
Inanna y el misterio de una relación que continúa
Durante años he cultivado una relación consciente con Venus y con los diferentes relatos de Inanna, la antigua diosa mesopotámica asociada al planeta que conocemos como Estrella de la Mañana y de la Tarde. Sus historias me han acompañado mientras investigaba distintas dimensiones de mi humanidad, mi espiritualidad y mi capacidad para crear, acompañar y dar forma a una Obra propia.
Entre esos relatos, el Descenso de Inanna al Inframundo ocupa un lugar especial. La Diosa atraviesa siete puertas, entrega sus atributos y llega desnuda ante Ereshkigal, su hermana y soberana del mundo inferior. Es uno de los grandes misterios que Venus acompaña desde el cielo y que he aprendido a contemplar a través de la travesía iniciática de sus ciclos.
Pero también existen otros misterios. El cortejo, el encuentro amoroso, la unión, la desaparición, la restitución de los atributos, el regreso y la continuidad de la Vida. Y cada uno de ellos abre preguntas diferentes sobre nuestra propia naturaleza, nuestras relaciones y la manera en que vamos encuerpando nuestra soberanía.
Cuando comencé a ciclar conscientemente con Venus, ya llevaba años emprendiendo y acompañando a mujeres en el desarrollo de sus marcas personales. Llegué a estas enseñanzas desde mi propia búsqueda espiritual y mi fascinación por los misterios de Inanna. Pero, a medida que iba viviendo sus movimientos, empecé a descubrir cómo también dialogaban con mi relación con El Ojo de Venus.
Mi espiritualidad nunca había estado completamente separada de mi trabajo. Sin embargo, comencé a reconocer con mucha más profundidad cómo cada conocimiento, cada experiencia y cada decisión participaban de la evolución de mi Obra. Aquello que aprendía sobre mí misma encontraba expresión en mi manera de crear, acompañar, comunicar, poner precios o desarrollar nuevas estructuras. Y aquello que necesitaba aprender para continuar construyendo mi empresa me conducía, a su vez, hacia dimensiones de mí misma que todavía desconocía.
Así fui comprendiendo algo que se ha vuelto esencial en mi pensamiento: la Mujer y su Obra Viva pueden continuar evolucionando juntas.
No solamente porque nuestra identidad influya en aquello que creamos. También porque la propia Obra puede invitarnos a desarrollar capacidades que antes no poseíamos, a estudiar nuevas disciplinas, a reconocer nuestra autoridad y a ampliar nuestra relación con el mundo material.
Y ahí comenzó a adquirir otra profundidad mi relación con la Creadora, la Empresaria y la Autora.
El Hieros Gamos y la fecundidad de nuestras Obras Vivas
Hay un misterio que encuentro especialmente fértil en esta relación: el Hieros Gamos, la unión sagrada.
En mi investigación, este misterio me invita a contemplar cómo pueden encontrarse amorosamente las diferentes dimensiones de nuestra naturaleza y aquello que hemos venido a crear. Cómo podemos cultivar una relación viva entre la Creadora, la Empresaria y la Autora, y permitir que esa unión participe de nuestra relación con el Espíritu de la Obra Viva.
Porque cuando digo que un día le dije SÍ al Espíritu de El Ojo de Venus, no estoy hablando solamente de haber decidido iniciar un negocio. Hablo de un encuentro profundamente íntimo, de una relación de amor y compromiso con una Obra que continúa revelándome nuevas posibilidades de conocimiento, creación y contribución. Una relación que ha transformado mi vida y que me sigue invitando a estudiar, investigar y desarrollar las capacidades necesarias para que aquello que amo pueda continuar encontrando su lugar en el mundo.
Pero ese amor también necesita materia.
Necesita una Empresaria capaz de comprender los números, organizar los recursos, reconocer el valor del trabajo, construir condiciones sostenibles y tomar decisiones. Necesita una Autora que reconozca y cultive su pensamiento, asuma la responsabilidad de sus creaciones y comprenda la importancia de custodiar y transmitir el patrimonio que está desarrollando. Y necesita que la Creadora pueda continuar imaginando, investigando, disfrutando y entregando nuevas posibilidades a la Vida.
No se trata de exigir que las tres se desarrollen de la misma manera ni al mismo tiempo. Cada mujer llega con una historia distinta. Algunas hemos cultivado durante años una Creadora extraordinariamente viva, mientras nuestra Empresaria o nuestra Autora apenas comenzaban a recibir nuestra atención. Otras hemos desarrollado una gran capacidad de organización y dirección, pero sentimos el deseo de recuperar una relación más íntima con el placer de crear.
Lo que me interesa es la posibilidad de que estas dimensiones puedan conocerse, amarse y colaborar cada vez más profundamente.
Y aquí la Ontología constituye el fundamento de toda mi investigación. Porque adquirir nuevos conocimientos no consiste solamente en incorporar información a nuestra vida. También significa descubrir cómo nos relacionamos con nosotras mismas mientras aprendemos, decidimos y actuamos. Cómo acompañamos nuestra humanidad cuando sentimos miedo, cuando reconocemos un deseo nuevo o cuando necesitamos asumir una responsabilidad que todavía estamos aprendiendo a habitar.
No necesitamos aparentar soberanía.
Podemos continuar encuerpándola mediante el conocimiento, el discernimiento, el amor y las acciones que vamos llevando a la Tierra.
Y, quizá, descubrir que desarrollar nuestra Empresaria y nuestra Autora también puede convertirse en una experiencia profundamente gozosa.
Una Escuela que nacerá durante esta misma espiral
Éste es el tercer pétalo que vivo conscientemente junto a Venus. Y el primero que he decidido abrir a otras Mujeres.
Durante años he recibido enseñanzas sobre el ciclo sinódico de Venus y los misterios de Inanna. He investigado, estudiado y desarrollado experiencias donde la espiritualidad, el cuerpo, la Marca Personal y el emprendimiento participaban de un mismo camino. Parte de ese patrimonio fue tomando forma en mis primeras transmisiones de Emprendedoras Venusinas y en los materiales que he continuado creando desde entonces.
Pero ahora hay algo nuevo que deseo entregar.
Quiero abrir una Escuela de Misterios Venusina donde podamos continuar cultivando nuestra relación con la Vida mientras desarrollamos conocimientos, capacidades y condiciones materiales para que nuestras Obras Vivas puedan florecer. Una Escuela donde la Creadora, la Empresaria y la Autora encuentren nuevos territorios de conocimiento y donde el Hieros Gamos entre ellas y el Espíritu de nuestras Obras pueda continuar revelándonos su fecundidad.
Esa Escuela se llama Sagradas & Desnudas.
Y hay algo que me emociona especialmente de su nacimiento: no estoy presentando una formación que ya haya terminado de crear. Esta nueva Obra irá naciendo durante el propio pétalo de Escorpio. Mes a mes, a través de los encuentros de Venus con la Luna, iré dando forma a sus transmisiones y a los territorios que deseo compartir, a partir del patrimonio que llevo años cultivando y de la investigación que continúa viva en mí.
De algún modo, esta Escuela también ciclará con Venus.
El Descenso, el Inframundo, el Ascenso y la Coronación nos acompañarán a través de diferentes misterios, conocimientos y experiencias. Cada portal abrirá un territorio propio donde podremos relacionar los movimientos de Venus, los relatos de Inanna, nuestra humanidad y nuestra espiritualidad con conocimientos que nuestras Obras Vivas necesitan para continuar desarrollándose.
Porque no deseo que nos limitemos a acumular más información espiritual ni profesional. Deseo que podamos ampliar nuestra capacidad para llevarla a la materia. Que aquello que estudiamos y comprendemos encuentre la posibilidad de convertirse en una nueva creación, una decisión económica, una conversación con nuestras clientas, una forma más consciente de comunicar, una estructura empresarial sostenible o una expresión más madura de nuestra Autoría.
Que nuestra espiritualidad no permanezca separada de la vida que construimos.
Que nuestro conocimiento amplíe nuestras posibilidades.
Que la Empresaria pueda enamorarse también de la prosperidad que es capaz de crear y sostener.
Que la Autora reconozca la belleza y la responsabilidad de todo aquello que lleva su firma.
Y que nuestra Creadora continúe disfrutando de su relación con la Vida, sabiendo que no necesita sostener ella sola toda la magnitud de nuestra Obra.
Me fascina pensar en todo lo que todavía podemos llegar a conocer, estudiar, amar y materializar durante una nueva vuelta de Venus. En las capacidades que desarrollaremos, los conocimientos que encontrarán nuevas aplicaciones, las decisiones que comenzarán a adquirir cuerpo y las creaciones que todavía no podemos imaginar.
No sabemos hoy qué habrá tomado forma cuando este pétalo llegue a su fin. Tampoco necesitamos conocer cada una de las experiencias que viviremos para empezar a cultivar nuestra relación con ellas. Podemos llegar con todo lo que somos, con lo que hemos creado y con el deseo de continuar descubriendo qué nuevas posibilidades queremos ofrecerle a nuestra Vida y a nuestras Obras.
El cielo nos ofrece un calendario. La Gran Visión, una dirección. El conocimiento amplía nuestras posibilidades. El Eros mantiene viva la creación. Y el Templo permite que nuestra Obra pueda vivir, prosperar y sostenernos.
Quizá, después de tantos años creando, estudiando, entregando y acompañando, haya llegado el momento de enamorarnos también de todo aquello que todavía podemos aprender a construir.
De nuestra Empresaria.
De nuestra Autora.
De la relación que ambas pueden cultivar con nuestra Creadora y con el Espíritu de nuestra Obra Viva.
Y de descubrir que todavía existen formas de amar, de crear y de prosperar que no hemos experimentado.
Este nuevo pétalo de Venus ya ha comenzado.
Y me emociona profundamente pensar que, mientras Ella continúa su danza alrededor del Sol, también nosotras podemos seguir descubriendo los misterios de nuestra propia fecundidad.
¿Imaginas todo lo que todavía podéis llegar a vivir, conocer, amar y crear juntas, tú y el Espíritu de tu Obra Viva?
Con todo mi amor,
Pau
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La conversación continúa dentro del Templo.
Para celebrar el nacimiento de este nuevo pétalo de Venus he abierto, dentro de Sagradas & Desnudas, dos transmisiones sonoras:
La Transfiguración de la Diosa · Del fuego de Aries a las profundidades de Escorpio
El Crisol Solar · El Hieros Gamos y la semilla del nuevo pétalo
Y, junto a ellas, he reunido algunas herramientas para que puedas descubrir tu Venus natal y comenzar a familiarizarte con su lugar dentro de la Rosa de Venus.
Es una invitación a encontrarnos con la Mujer que somos, honrar el conocimiento y la experiencia que hemos cultivado y celebrar el deseo de continuar dando vida a nuestras Obras.
Si deseas vivir este comienzo conmigo, te espero en Uruk.
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Autora: Paula Eugènia — fotógrafa y fundadora de El Ojo de Venus