La conversación que una Obra necesita

Fotografía autoral de El Ojo de Venus. Nina Uyà, Akelarre de Marcas Personales.

Hay un momento en la vida de una mujer en el que deja de buscar respuestas. No porque ya las tenga, sino porque empieza a intuir que las preguntas han cambiado. Durante mucho tiempo creyó que necesitaba aprender más. Más estrategia. Más herramientas. Más claridad. Más certezas. Más todo. Y, sin embargo, llega un día en el que descubre que lo que verdaderamente anhela no es una respuesta nueva. Es una conversación distinta. Una conversación donde no tenga que demostrar nada. Donde pueda escuchar, por fin, aquello que lleva años intentando abrirse paso dentro de ella.

Creo que muchas veces confundimos acompañar con dirigir. Como si el trabajo consistiera en decirle a otra mujer cuál es el siguiente paso. Nunca he sentido que esa fuera mi forma de estar al servicio. Hay Obras que no necesitan que alguien las empuje. Necesitan un lugar donde puedan empezar a hablar sin miedo.

Porque una Obra Viva también tiene lenguaje.

También tiene ritmos.

Y deseos.

Solo que casi siempre habla muy bajito, y el ruido del mundo suele llegar antes que su voz.

Con los años he comprendido que mi trabajo rara vez empieza respondiendo preguntas. Empieza creando las condiciones para que aparezcan otras mejores. A veces basta una conversación. Otras veces un plano o una fotografía. Otras, un silencio compartido. Hay días en los que una mujer llega convencida de que viene a hablar de su marca personal y termina encontrándose con una parte de sí misma que llevaba demasiado tiempo esperando ser escuchada. Y entonces ya no estamos hablando únicamente de un negocio. Estamos hablando de una vida que desea tomar una forma más verdadera.

Por eso en El Ojo de Venus siempre hay una cámara del Templo que permanece abierta. No importa cuándo llegue una mujer. No importa desde qué puerta entre. Puede hacerlo a través de un ensayo. De una fotografía. De un proceso. De una conversación. Esa estancia continúa esperándola. Siempre. No para ofrecerle respuestas rápidas, sino para recordarle que su Obra ya sabe muchas más cosas de las que ella imagina. A veces solo necesita un lugar lo bastante seguro para empezar a decirlas.

No acompaño mujeres porque crea que conozco mejor su camino que ellas. Camino a su lado mientras aprendemos a escuchar lo que su Obra lleva tiempo intentando revelar. Yo también sigo haciéndolo con la mía. Quizá por eso nunca siento que esté enseñando desde un lugar de superioridad. Más bien siento que ambas nos sentamos alrededor de la misma mesa. La diferencia es que, algunas veces, yo llevo un poco más de tiempo escuchando el lenguaje de las Obras Vivas y puedo ayudar a reconocer cuándo habla el miedo y cuándo empieza, por fin, a hablar ELLA.

Porque sí, con el tiempo he descubierto que toda Obra tiene una voz. Y cuando una mujer empieza a confiar en esa voz, ocurre algo profundamente hermoso. Deja de pedir permiso para existir. Deja de construir mirando constantemente hacia fuera. Deja de perseguir respuestas ajenas. Empieza, poco a poco, a entrar en conversación con aquello que vino a crear. Y esa conversación, cuando se vuelve verdadera, ya nunca termina.

Quizá acompañar no sea otra cosa que custodiar una conversación hasta que una mujer ya pueda continuarla sola.

Con amor,

Pau

P.D.

Hay conversaciones que no pueden acelerarse.

Necesitan un lugar seguro donde una mujer pueda escuchar, poco a poco, lo que su Obra lleva tiempo intentando decir.

Si esta conversación ha resonado contigo...

Esta es la puerta de la Mentoría de Marca Personal.

Un lugar donde la identidad encuentra dirección antes de convertirse en estrategia.

Entrar

O si deseas recorrer el Templo desde el principio...

→ Entrar en El Ojo de Venus

Autora: Paula Eugènia — fotógrafa, escritora y fundadora de El Ojo de Venus.

Siguiente
Siguiente

¿Qué es realmente un Templo Digital?