La autoría de una Obra
Fotografía autoral de El Ojo de Venus
Llevo muchos años pensando en la autoría, aunque no siempre haya utilizado esta palabra para hablar de ella.
Me interesa desde la práctica, no desde la teoría. Desde lo que ocurre cuando una persona deja de producir cosas aisladas y empieza a reconocer que existe una Obra detrás de todo lo que hace: una fotografía, una experiencia, un texto, un programa, una manera de acompañar, una investigación o, a veces incluso, algo que todavía no sabemos nombrar.
Para mí, una Obra Viva no es una colección de piezas, es un organismo. Y cuando empiezo a mirarla así, cambia también mi relación con cada una de sus partes. Ya no necesito que todo tenga el mismo aspecto, ni que todo pertenezca al mismo formato, ni que mi trayectoria parezca lineal desde fuera. Me interesa mucho más descubrir qué inteligencia las relaciona. Qué hay de mí debajo de todas esas formas distintas. Qué es aquello que, de una manera u otra, llevo años intentando hacer posible.
Quizá ahí empiece la autoría.
Hay algo anterior a atrevernos a firmar lo que hacemos —this is another melon—: reconocernos como autoras. Porque muchas mujeres pueden decir “esto lo he hecho yo”, y saber perfectamente que es verdad. Pueden incluso sentir “esto salió de mis entrañas”, reconocer que aquello que han creado nació de un lugar profundamente suyo. Pueden llegar incluso a comprender que esa pieza pertenece a una Obra mayor que están construyendo y custodiando. Pero todavía falta un movimiento: afirmar “yo soy la autora de esto”. No solo reconozco la acción, el origen o la pertenencia. Me reconozco a mí misma en el lugar de quien crea, decide, sostiene y da dirección a su Obra.
Por ejemplo, esto lo veo claramente en la fotografía. Para mí una fotografía nunca ha sido solamente una imagen bonita. Hay algo que ocurre antes: mirar, comprender, esperar, escuchar, relacionar. Encontrar qué está pidiendo ser visto. Y esto no significa que una fotografía autoral tenga que ser reconocible por una estética concreta. Puede cambiar completamente de lenguaje y seguir siendo profundamente tuya. La autoría no está necesariamente en cómo se ve una imagen. Está en desde dónde miras mientras la realizas. Y eso es algo que tantas mujeres reconocen de mi fotografía: mi mirada. Y no es casual que se extienda a mis programas, mentorías o acompañamientos.
Quizá por eso me resulta tan interesante que una misma mirada pueda atravesar territorios muy diferentes. Puedo estar fotografiando una mujer, una experiencia, un cuerpo, un espacio o, como excepción muy concreta, las colecciones de libros para una editorial. El objeto cambia. El contexto cambia. La finalidad cambia. Pero hay algo que permanece: la manera de buscar, de relacionarme. La manera de decidir qué entra en la imagen y qué no. La intuición de cuándo una escena empieza a decir algo y cuándo todavía es solamente una composición bonita. Y también esperar en silencio hasta que llega ese instante. Cuando llega, lo sientes dentro.
Y hay algo más que me importa mucho: la autora no tiene que saber desde el principio cuál es su Obra. A veces la reconoces mirando hacia atrás. Cuando puedes juntar piezas que, en su momento, parecían desconectadas y descubres que estaban conversando entre ellas desde hace mucho tiempo. No hace falta inventar retrospectivamente una historia perfecta. Basta con mirar con suficiente honestidad como para reconocer algunos hilos que ya estaban ahí.
Creo que una parte de madurar como autora consiste precisamente en dejar de preguntarte constantemente qué deberías crear y empezar a escuchar qué está intentando nacer a través de ti. No todo tiene que convertirse en algo. No todo tiene que publicarse. No todo tiene que venderse o gritarlo a los cuatro vientos. No todo tiene que encontrar inmediatamente una forma. A veces la autoría también está en esperar. En no sacar algo al mundo antes de tiempo. En proteger una idea mientras todavía está creciendo.
Y quizá ésta sea para mí una de las diferencias más profundas entre una creadora y una autora: crear es hacer aparecer algo; autoría es mantener una relación viva con aquello que ha aparecido.
Una fotografía puede ser una pieza de una Obra, como también puede serlo un manuscrito, un acompañamiento, una experiencia o una empresa entera. Y ninguna de esas piezas necesita parecerse a las demás para pertenecer al mismo cuerpo. Cuando la raíz está viva, la forma puede cambiar. Puede incluso sorprendernos. Puede llevarnos a lugares que no habíamos previsto.
Eso es lo que me interesa de una Obra Viva. No que se parezca siempre a sí misma, sino que siga viva. Que pueda cambiar de forma, sorprendernos, llevarnos a lugares que no habíamos previsto y seguir siendo nuestra. Y que, al mirar todo lo que hemos creado, podamos reconocer algo más que una colección de cosas. Podamos reconocernos a nosotras en todas ellas.
Pau
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P.D.
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Autora: Paula Eugènia — fotógrafa y fundadora de El Ojo de Venus